Historia Abierta
Portada de Vivir o Morir por Justicia
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Capítulo 4 · ~5 min

La prueba

Gael despertó con el peso de la noche anterior aplastándole el pecho. La tensión en la casa no había cedido ni un segundo, y la acusación de Bruno resonaba en su mente como un eco que no encontraba descanso.

Daniela estaba en la sala, sentada en una silla rígida, cruzando y descruzando las piernas con nerviosismo. Cuando Gael la miró, ella no bajó la cabeza ni evitó su mirada. Eso le sorprendió.

—¿Por qué te quedas? —preguntó Gael con voz áspera, tratando de ocultar la duda que lo consumía.

—Porque no tengo a dónde ir —respondió Daniela con firmeza—. Y porque no maté a Tomás.

Esa frase cayó como un golpe inesperado. Gael parpadeó varias veces, intentando procesar lo que había escuchado. La acusación de Bruno era clara, pero Daniela la negaba con una convicción que no podía ignorar.

—¿Entonces quién? —inquirió Gael, acercándose un poco—. ¿Quién te puso en esta mentira para que yo me la crea?

Daniela se levantó y caminó hacia la ventana. La luz del día entraba sin piedad, iluminando su rostro tenso pero decidido.

—No lo sé. Pero no fui yo. No sé quién quiere que nos destruyamos, pero no voy a dejar que lo logren.

Gael la observó en silencio. Había algo en su voz que le hacía dudar de sus propios prejuicios. Recordó la rigidez con la que la había tratado, las sospechas que había sembrado en su mente. Pero también recordó la urgencia con la que ella había actuado para salvarlo la noche anterior.

—Si no fuiste tú, ¿por qué crees que Bruno te acusa? —preguntó Gael, bajando un poco la guardia.

—Porque alguien quiere que nos enfrentemos. Quiere que nos destruyamos desde adentro. Bruno tiene sus propios planes y no le importa a quién pisotee para conseguirlos.

La voz de Daniela se quebró un poco, pero ella no se permitió mostrar debilidad. Gael sintió que esa mezcla de fuerza y fragilidad lo acercaba más a ella, aunque el miedo y la desconfianza seguían ahí.

—No sé si puedo confiar en ti —dijo Gael, sinceramente—. Pero tampoco puedo ignorar que tal vez tú eres la única que puede ayudarme a descubrir quién está detrás de todo esto.

Daniela lo miró, sorprendida por la honestidad en su voz. Por primera vez, Gael no parecía un enemigo, sino un hombre atrapado en la misma red de mentiras y traiciones que ella.

—No voy a mentirte —respondió Daniela—. No sé si algún día podré perdonarte por lo que pasó con Tomás. Pero ahora mismo, necesito que sepas que no soy tu enemiga.

Gael asintió lentamente. La tensión en la habitación parecía disiparse apenas un poco, pero el peligro seguía latente.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe y Bruno entró con pasos pesados. Su mirada era venenosa, y su sonrisa, una amenaza.

—¿Así que ya están haciendo las paces? —dijo Bruno con sarcasmo—. Qué bonito. Pero no olviden que la verdad siempre sale a la luz.

Gael se puso de pie, enfrentando a Bruno sin miedo.

—¿Qué quieres, Bruno? —preguntó con voz firme.

—Solo recordarte que aquí mando yo cuando tú no estás en condiciones —respondió Bruno—. Y que si Daniela no es la culpable, alguien más lo es. Y la vamos a encontrar.

Daniela lo miró con desprecio, mientras Gael fruncía el ceño.

—No voy a dejar que sigas jugando con nosotros —dijo Gael—. Si quieres guerra, la vas a tener.

Bruno soltó una carcajada amarga.

—Eso espero, Montenegro. Porque esta familia se va a romper y yo voy a quedarme con todo.

Cuando Bruno salió, Daniela y Gael se quedaron en silencio, conscientes de que la batalla apenas comenzaba.

—¿Crees que pueda confiar en ti? —preguntó Gael después de un rato.

Daniela lo miró fijamente.

—No lo sé. Pero sé que si no lo hacemos, los dos vamos a perder.

Gael sintió que esa verdad era la única que valía en ese momento. La única que podía salvarlos.

—Entonces empecemos —dijo finalmente—. Pero antes, quiero que me digas algo.

Daniela lo miró con curiosidad.

—¿Qué?

—Que no mataste a Tomás.

Ella asintió sin dudar.

—No lo maté.

Gael la observó largo rato, buscando en sus ojos la verdad que necesitaba para confiar. No pudo evitar preguntarse qué secretos guardaba aún esa mujer que ahora parecía ser su única aliada.

La casa parecía un campo minado, pero en ese instante, Daniela y Gael comenzaron a construir un puente entre el odio y la necesidad. La pregunta que quedaba flotando en el aire era si ese puente resistiría el peso de las traiciones que aún estaban por descubrir.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Daniela con voz baja pero firme.

—Sobrevivimos —respondió Gael—. Y descubrimos la verdad. Cueste lo que cueste.

Ambos sabían que el camino sería peligroso, pero también que no tenían otra opción. La traición estaba en todos lados, y la única manera de salir vivos era enfrentándola juntos.

La duda, la amenaza y la esperanza se mezclaban en la casa de Gael Montenegro, mientras Daniela y él se preparaban para la batalla que definiría sus destinos.

Y la pregunta que quedó en el aire, como un susurro que no dejaba dormir, fue: ¿podrán confiar el uno en el otro antes de que sea demasiado tarde?

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