Historia Abierta
Portada de Vivir o Morir por Justicia
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Capítulo 6 · ~5 min

El despacho

Daniela entró al despacho con cautela. Cada paso era medido, como si el suelo pudiera traicionarla en cualquier momento. La luz de la lámpara apenas alcanzaba a iluminar el lugar, dejando sombras que se movían con el mínimo ruido. Sus manos temblaban ligeramente, y un sudor frío le cubría la frente. Apretó los labios y se acercó al escritorio de madera, donde la noche anterior Doña Inés había dejado varios papeles y objetos desordenados.

Entre carpetas y documentos, algo llamó su atención: una pequeña caja metálica escondida bajo una pila de carpetas. La tomó con cuidado y la abrió. Dentro encontró varias fotos, algunas borrosas, otras claras. Reconoció a personas conocidas y otras que le resultaban extrañas. Pero entonces vio una imagen que detuvo su aliento: Tomás y Bruno juntos, sonriendo, como si fueran aliados.

—¿Tomás está vivo? —murmuró Daniela, con la voz entrecortada, incapaz de apartar la mirada de la foto.

El golpe fue fuerte. Todo lo que creía cierto se tambaleaba. Tomás, a quien había dado por muerto, seguía vivo y parecía estar del lado de Bruno, el hombre que la había acusado de intento de asesinato y que ahora parecía esconder algo aún más oscuro.

De pronto, pasos resonaron cerca. Daniela guardó la foto rápidamente y cerró la caja, tratando de ocultar cualquier rastro de lo que había descubierto. Se giró justo a tiempo para ver a Doña Inés entrar en la habitación. Su mirada era firme, segura de su poder.

—¿Buscando algo, Daniela? —preguntó él, con un tono cargado de ironía y peligro.

Ella no respondió enseguida. Evaluó sus palabras, midió sus emociones para no mostrar miedo.

—Solo busco respuestas —dijo finalmente, fijando en él una mirada desafiante.— Necesito entender qué está pasando.

Bruno se acercó cruzando los brazos, su postura era desafiante, casi provocadora.

—No deberías meterte donde no te llaman. Esto es más grande de lo que imaginas.

Daniela tomó aire y sacó la foto de la caja, mostrándosela.

—¿Y esta? ¿Qué significa? ¿Por qué Tomás está con Bruno? —preguntó, con la voz firme.

Bruno la miró sin pestañear, sin perder la calma.

—Tomás está vivo, pero no está con nosotros porque quiera. Está atrapado en esta red, tanto como tú o como yo.

—¿Entonces por qué no me lo dijiste? ¿Por qué ocultarme algo tan importante? —la frustración se colaba en su voz.

—Porque no era el momento —respondió Bruno con seriedad—. Y confiar en ti ahora es un riesgo que no puedo permitirme.

Daniela sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Su mundo se complicaba aún más. ¿En quién podía confiar? ¿En Gael, que la vigilaba y le había hecho daño? ¿En Bruno, que parecía jugar a varios bandos? ¿O en ese hermano que creía muerto y que ahora apareció en una foto con su peor enemigo?

—¿Y qué se supone que haga con esta información? —preguntó, tratando de controlar el temblor en su voz.

Bruno se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta.

—Úsala para mantenerte viva. No cometas errores. Aquí todos están jugando su propio juego —dijo sin mirar atrás.

La puerta se cerró con un golpe seco. Daniela se quedó apoyada contra ella, respirando con dificultad. La cabeza le daba vueltas. Tenía la prueba de que Tomás estaba vivo, pero también sabía que cada paso que diera la acercaba más al peligro.

Se sentó en la silla del escritorio, mirando la foto una vez más. Tomás estaba ahí, vivo, pero ¿en qué condiciones? ¿Qué buscaba realmente? ¿Y cómo podía protegerlo sin arriesgar su propia vida?

El silencio del despacho se volvió insoportable, cargado de preguntas sin respuesta. Daniela se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la calle vacía. Sentía que alguien la observaba, que algún secreto la seguía de cerca.

Volvió a sentarse y sacó el teléfono para enviar un mensaje a Rocío, pero dudó. ¿Podía confiar en alguien? ¿O cualquier palabra podría ser usada en su contra?

De repente, un ruido la sobresaltó. Giró la cabeza hacia la puerta, pero nadie apareció. Respiró hondo y trató de calmarse.

Pensó en Gael y en cómo, pese a todo, sentía que él también estaba atrapado en esta red peligrosa. Tal vez, solo tal vez, podría ser un aliado. Pero ¿cómo llegar a eso si cada palabra estaba cargada de desconfianza?

Se levantó de nuevo y comenzó a revisar los papeles en el escritorio. Buscaba algo, cualquier pista que aclarara el panorama. Entre hojas y documentos encontró una carta sin firmar, con líneas que hablaban de traiciones internas y planes ocultos.

Mientras leía, un golpe fuerte en la puerta la hizo saltar. Era Bruno, que había vuelto.

—No deberías quedarte sola mucho tiempo —dijo con voz grave.— Esto no es un juego para niños.

Daniela mantuvo la mirada, sin ceder.

—¿Quién más sabe de Tomás? —preguntó sin rodeos.

Bruno dudó un instante antes de responder.

—Pocos. Y ninguno de ellos te quiere ver aquí.

Eso sólo aumentó el peso de la amenaza. Daniela apretó la foto contra su pecho.

—Entonces tendré que andar con cuidado —concedió—. Pero necesito saber todo, Bruno. Si no, no podré sobrevivir.

Él asintió, como aceptando una verdad incómoda.

—Te diré lo que sé. Pero no esperes que sea fácil. Nadie en esta casa está limpio.

Daniela sintió una mezcla de miedo y determinación. Sabía que estaba entrando en un terreno peligroso, pero no podía retroceder ahora. Tenía que descubrir la verdad, sin importar qué tan oscuro fuera el camino.

Mientras Bruno se alejaba, Daniela volvió a mirar la foto. Allí estaba Tomás, vivo y sonriendo, pero para ella era un recordatorio de que nada era lo que parecía. ¿Podría confiar en alguien? ¿O estaba condenada a enfrentarse sola a todos esos fantasmas?

La puerta se cerró de nuevo, dejando a Daniela con sus pensamientos y un futuro incierto que empezaba a abrirse ante ella.

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