Historia Abierta
Portada de Vivir o Morir por Justicia
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Capítulo 7 · ~5 min

Mi hermano está vivo

Daniela se quedó paralizada frente a la foto que había encontrado en el despacho. Tomás estaba ahí, con esa expresión seria y firme que recordaba bien, junto a Bruno. El miedo le apretaba la garganta. Durante años había creído que su hermano estaba muerto. Ahora lo veía vivo, y al lado de quien la acusaba. No entendía nada.

Cerró la caja con un movimiento brusco y se llevó la mano al pecho, intentando calmar el latido que le golpeaba el costado. Se mordió el labio, pero la confusión no desaparecía. ¿Por qué nadie le había contado? ¿Qué significaba todo eso para ella, atrapada en esta casa donde las mentiras parecían respirar en cada rincón?

El teléfono vibró dentro del bolsillo de su chaqueta. Sus manos temblaron cuando lo sacó y vio el nombre de Tomás en la pantalla. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Contestó sin pensar.

—Dani, no confíes en Gael —la voz de Tomás fue un susurro urgente, casi temeroso—. No es quien crees.

Daniela se llevó el teléfono al pecho, mirando rápido a los lados. Las sombras parecían moverse con ella.

—¿Dónde estás? —preguntó, tratando de contener el temblor en la voz.

—No puedo hablar mucho. Me vigilan todo el tiempo. Pero necesito que me ayudes a salir de aquí.

—¿Por qué ahora? —su voz salió corta, cortante.

—Porque tú eres la única que puede hacerlo. Gael no es el enemigo, pero tampoco lo puedes creer todo de él. Hay cosas que no entiendes —la voz de Tomás se quebró, y Daniela sintió el peso de su miedo—. Por favor, cuídate.

La llamada terminó antes de que ella pudiera decir algo. Daniela quedó con el teléfono en la mano, sin saber si estaba temblando por miedo o por rabia. El suelo parecía moverse bajo sus pies. Todo lo que creía seguro comenzaba a desmoronarse.

Guardó la foto en el bolsillo, se ajustó la chaqueta y salió del despacho con pasos que querían ser firmes, pero el miedo le apretaba el pecho en cada respiración.

Mientras caminaba hacia la sala, recordó las palabras de Bruno y su amenaza. ¿Y si todo era un juego para manipularla? ¿Si Tomás estaba metido en algo más profundo y oscuro? Cada sombra parecía esconder una trampa.

Llegó a la sala y se sentó en una esquina, tratando de controlar la respiración. Sacó el teléfono y escribió un mensaje rápido a Rocío, su amiga fiel. Le contó lo de la llamada y la foto, pidiéndole que estuviera alerta y lista para ayudarla si algo salía mal.

El silencio en la casa pesaba, como si las paredes guardaran secretos que no querían salir. Daniela sintió una mirada fija sobre ella. Se giró y encontró los ojos fríos de Doña Inés clavados en ella. No dijo nada, solo la miró con una mezcla de desprecio y control.

—¿Encontraste algo interesante? —preguntó Doña Inés con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Daniela la enfrentó con la mirada, sin bajar la guardia.

—Sí. Encontré algo que cambia todo, aunque todavía no sé qué hacer con eso.

—Ten cuidado, Daniela —advirtió Doña Inés—. Aquí, la verdad puede ser la mentira más peligrosa.

La frase quedó suspendida en el aire mientras la mujer se alejaba. Daniela sintió que el peligro crecía, más real que nunca. Tenía a su hermano vivo, pero también enemigos acechando. Y una familia rota por secretos y traiciones.

Volvió a mirar el teléfono, esperando que Tomás volviera a llamar. Necesitaba respuestas, aunque cada palabra abría una puerta a un mundo más oscuro y complicado.

Se pasó las manos por la cara, intentando ordenar los pensamientos. El miedo se le notaba en la mandíbula apretada y en cómo sus dedos se cerraban sobre el celular. El peso de la incertidumbre la estaba consumiendo.

—¿Qué hago ahora? —murmuró, más para sí que para alguien más.

Su mente repasaba todo: la foto, la llamada, las palabras de Bruno y Doña Inés, la tensión en el aire. Todo encajaba en un rompecabezas que no quería armar.

De repente, el teléfono vibró de nuevo. Era un mensaje de Tomás: "No confíes en nadie más. Voy a llamarte pronto."

Daniela sintió que la adrenalina la recorría. Se levantó y empezó a caminar de un lado a otro, con una mezcla de alarma y esperanza. Sabía que estaba metida en algo mucho más grande de lo que imaginaba.

Se detuvo frente a la ventana, sin mirar afuera, solo escuchando el silencio pesado. Pensó en Gael, en todo lo que había visto y oído. ¿Podía ser que todo fuera mentira? ¿Que el hombre que había odiado tanto tuviera razones para ser así?

El teléfono volvió a vibrar, pero esta vez no quiso contestar. Necesitaba un momento para armar su plan, para decidir en quién podía confiar y en quién no.

El reloj marcaba las horas, pero para Daniela el tiempo se había vuelto un enemigo más. La noche era larga y peligrosa, y ella estaba atrapada en medio de secretos que podían costarle la vida.

Sin embargo, una chispa de algo que no supo nombrar la mantuvo despierta. La necesidad de descubrir la verdad, aunque eso significara enfrentarse a todo y a todos.

Se acercó a la puerta del despacho, tocó la madera con los dedos y luego se alejó. Sabía que debía prepararse para lo que venía, porque esta historia apenas comenzaba y las traiciones no habían hecho más que empezar.

¿Podría salvar a su hermano? ¿Podría salvarse a sí misma? La respuesta estaba en alguna parte de esas sombras que la rodeaban, y Daniela estaba dispuesta a buscarla, aunque la encontrara en el lugar más oscuro.

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